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OAXACA, UN LARGO ASEDIO
Por: Leopoldo Mendívil
Oaxaca, un largo asedio.
La amistad entre el mexiquense Adolfo López Mateos, el poblano Gustavo Díaz Ordaz y el oaxaqueño Rodolfo Brena Torres fue proverbial y reconocida en la esfera política mexicana de la mitad del siglo pasado. Los compadres, les decían, desde que en el Senado de la República arrancaron su proyecto conjunto.
Ese proyecto generó su primera gran victoria con la candidatura y el triunfo de López Mateos en la elección presidencial de 1958, quien hizo a Díaz Ordaz su secretario de Gobernación para la segunda gran etapa, y a Brena Torres gobernador del estado de Oaxaca.., ¿para la tercera? Ésta ya no llegó, pero cuando Brena asumió el cargo y tuvo su primera audiencia presidencial escuchó la siguiente pregunta de su amigo:
-¿Cómo te ayudo, compadre?
-Con un estudio -respondió Brena- que descubra todo el potencial de Oaxaca, compadre, y que ponga las bases para su desarrollo. Y mientras se realiza, compadre, con un plan de obras y acciones sociales para mi gobierno…
López Mateos cumplió el compromiso. Así arrancó la elaboración del Plan Oaxaca, un estudio integral de los recursos de la entidad, las recomendaciones para su aprovechamiento y los planes de inversión, que desarrolló un ejército de técnicos mexicanos y extranjeros, comisionados por la Organización de Naciones Unidas.
La elaboración del Plan se llevó casi todo el sexenio de Brena Torres, quien lo entregó a sus gobernados en una ceremonia que aún recuerdan muchos oaxaqueños, y platican que los documentos, planos, mapas, estadísticas, proyecciones, propuestas, proyectos y maquetas para más de 130 desarrollos agropecuarios, mineros, turísticos, comerciales e industriales ocuparon varios salones del palacio de Gobierno, en la hermosa e histórica capital del estado.
Era, ya, Gustavo Díaz Ordaz el presidente de la República, y poco después arrancó el proceso electoral para el cambio de poderes en Oaxaca, que concluyó con la elección y protesta de Víctor Bravo Ahuja como nuevo gobernador.
Pero el Plan Oaxaca, el proyecto de desarrollo más ambicioso y mejor elaborado en la historia del país para una de sus entidades federativas.., nunca arrancó. ¿Por qué era el pasaporte presidencial de Brena Torres? Difícil demostrarlo. Lo cierto es que todos aquellos documentos, planos, mapas, estadísticas, proyecciones, propuestas, proyectos y maquetas que un día conocieran los oaxaqueños, tuvieron un destino desconocido. Algunos, ciertamente, fueron apareciendo con el paso de los años, pero disfrazados como frutos de otras iniciativas oficiales y privadas. Pero el espíritu y la energía de aquel gran proyecto conjunto, integral, se perdieron tal vez para siempre, llevándose la oportunidad más elaborada y documentada para sacar a Oaxaca de su ancestral pobreza.
Estuve en Oaxaca este último fin de semana, pero no con la intención de quedarme en las razones, sinrazones y consecuencias del último trance que según la ominosa coincidencia de opiniones, aún no concluye y en cualquier momento pudiera despertar con mayor intensidad y capacidad disruptora, sino para indagar sobre las razones de tiempo y de fondo que han mantenido a Oaxaca en el primer lugar de la pobreza nacional y en el último del desarrollo y la injusticia social a pesar de las grandes posibilidades de generación de riqueza cuya existencia aquel Plan Oaxaca confirmó, documentó y diseñó rutas y fórmulas para su aprovechamiento. Salvo casos muy específicos no voy a citar las fuentes informativas, aun cuando algunas se mostraron dispuestas a ser identificadas, porque no pretendo quitar el dedo de este renglón sino, al contrario, unir este espacio a las voluntades que desean ver erradicada la miseria, la pobreza y la pérdida de tantos talentos y vidas que pudieron dar muchos más frutos que los consignados en la historia oaxaqueña, porque éste es un tema de largo alcance y mayor aliento; pero las fuerzas y personajes que prefieren mantener el statu quo al servicio de sus ambiciones y de sus mezquindades, también tienen ese alcance y ese aliento.
Obviamente, el derrumbe del Plan Oaxaca no es el origen de la actual situación, pero por las intenciones que con él se tuvo de modificar la historia, es la coyuntura que mejor permite entender el presente a partir de la segunda mitad del siglo XX. La capital oaxaqueña cumple, en este 2007, 475 años de vida y 20 de haber sido designada Patrimonio de la Humanidad. Este privilegio, producto de las civilizaciones y de los personajes que pasaron por esa región de México, debiera haber impulsado el espíritu creador y trascendente que unos cuantos siguen manteniendo preso en beneficio de sus miserias personales y en su increíble codicia. El resultado de lo anterior es que la capital oaxaqueña es el principal reflejo de un ánimo estatal de inseguridad y temor, enojo y desconfianza que no permiten claridad en la búsqueda de soluciones y en la voluntad para apoyarlas.
Y esto, ni Oaxaca ni México lo merecen…
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